Augura el republicano un ‘boom’
Washington y Nueva York, 04 de abril del 2025.- La decisión de Donald Trump de imponer aranceles a casi todos los países del mundo fue recibida con una mezcla de elogios, críticas y, sobre todo, confusión. Veinticuatro horas después, ni siquiera aliados del presidente podían explicar claramente qué sucedió en un acto parecido a un programa de concursos, en el cual anunció las nuevas medidas y una lista de países que serían sujetos de castigos comerciales, la cual incluía un par de islas no habitadas cerca de Australia.
Supongo que vamos a imponer aranceles a las gaviotas, bromeó el analista Aaron Reichlin-Melnick en uno de los múltiples comentarios que se concentraron en la famosa lista de países, que incluye las Islas Heard y McDonald. Otros comentarios fueron serios y, aunque se supo del anuncio con antelación, muchos expresaron sorpresa por la dimensiones de las medidas.
Los aranceles históricos de Trump detonaron como una bomba esta mañana en la economía nacional y global, resumió Politico, y todos observaron cómo los mercados financieros se desplomaban.
Ayer por la mañana Trump publicó el siguiente mensaje: La cirugía concluyó. El paciente sobrevivió y se está curando. El pronóstico es que el paciente quedará más fuertes, grande, mejor y más resiliente que nunca. Más tarde escribió un segundo texto: Los mercados tendrán un auge. Creo que esto va muy bien.
Pero ese optimismo no fue compartido por mercados, empresas y, por supuesto, socios comerciales de Estados Unidos. Menos de 24 horas después del anuncio, la empresa automovilística Stellantis anunció que debido al anuncio de aranceles a los vehículos importados suspenderá un mes la producción en su planta de ensamblaje en Toluca, estado de México, así como las operaciones en la planta de ensamblaje en Windsor, Canadá, reportó el Detroit News. Aranceles sobre vehículos completos importados de todo el mundo entraron en vigor la mañana de este jueves.
Plantean limitar su poder sobre asuntos comerciales
Hubo expresiones de apoyo de los aliados incondicionales del presidente, pero también entre algunas agrupaciones empresariales y varios sindicatos, desde el presidente de la cámara baja, Mike Johnson, al presidente del sindicato automotriz UAW, Shawn Fain.
Sin embargo, varios legisladores del partido del presidente, aunque no se atrevieron a criticar sus medidas, expresaron preocupación por el impacto de los aranceles sobre granjeros y negocios en sus distritos y estados.
El veterano senador republicano Chuck Grassley, de Iowa, se reunió ayer con la senadora demócrata Maria Cantwell, de Washington, para presentar un proyecto de ley que limitaría la autoridad presidencial sobre aranceles y trasladaría más control de los asuntos comerciales al Congreso. Pero esta iniciativa tiene pocas posibilidades de ser aprobada por el control que ejercen los republicanos en la Cámara baja; sin embargo, esto indica que por primera vez desde la llegada de Trump a la Casa Blanca hay algunos republicanos que están dispuestos a oponerse a su jefe, en este caso por las consecuencias económicas de sus políticas.
Los granjeros resultarán particularmente afectados. El incremento de aranceles amenaza la supervivencia de granjeros que han perdido dinero con los principales cultivos durante los últimos tres años, declaró Zippy Duvall, presidente de la American Farm Bureau Federation, que dice representar a 2 millones de granjas en este país. Legisladores demócratas pronostican que miles cerrarán.
En general, el sector empresarial quedó atónito por la escala de los aranceles y sus implicaciones. Dinamitar el sistema mundial de comercio tiene consecuencias que el presidente no está revelando, publicó The Wall Street Journal en un editorial.
Zanny Minton Beddoes, editora jefa de The Economist, agregó que el país que creó y que ha ganado muchísimo con el sistema de comercio global ahora está intentando destruirlo. La pregunta para los países que se tambalean por el vandalismo es ¿cómo limitar los daños?
Pero Trump y sus aliados insisten en que justamente están atendiendo el daño causado a su país por ese sistema comercial internacional. Dejen que Donald Trump administre la economía global. Sabe lo que está haciendo. Ha estado hablando de esto durante 35 años, declaró ayer el secretario de Comercio, Howard Lutnick, a CNN. “Dejen que él lo componga. Está descompuesto… Nuestro déficit (comercial) de 36 billones de dólares va a arruinar las vidas de nuestros hijos y nietos”, agregó.
Para otros, el diagnóstico sobre el sistema de comercio mundial es el correcto, pero hay sospechas sobre la receta y los verdaderos motivos de Trump. “El gobierno merece crédito por reconocer que necesitamos una renovación total de nuestro sistema comercial y por su voluntad de actuar con la convicción de que el statu quo es inaceptable”, comentó la abogada Lori Wallach, experta en comercio internacional y directora de ReThink Trade, una organización pro laboral dedicada a deshacer décadas de manejo empresarial.
Sin embargo, señaló que estos aranceles por sí solos no resolverán la desigualdad económica ni la pérdida de empleos manufactureros resultado de las políticas de libre comercio de las décadas recientes. Más aún, criticó el esfuerzo de Trump de anular medidas de política industrial impulsadas por el gobierno de Joe Biden. Pero aún no se sabe, dijo Wallach a periodistas, si estos aranceles son una táctica de negociación que durará poco o una táctica para generar ingresos a fin de subsidiar reducciones de impuestos para los más ricos, o si realmente es un intento por reconstruir el sector manufacturero de Estados Unidos.
El ex negociador comercial mexicano Juan Carlos Baker comentó ayer en un foro del Centro Wilson que en América del Norte el sector que sufrirá más es el automotriz. Pero Baker, ejecutivo jefe de Ansley International, agregó que el impacto será diferente, de acuerdo con las negociaciones de cada empresa con la Casa Blanca.
Saikar Chakrabarti, uno de los fundadores de la plataforma de pagos Stripe y ex asesor del senador Bernie Sanders, sugirió que Trump podría tener otro motivo más turbio. Estoy cada vez más convencido de que el propósito real de los aranceles es provocar un crac en los mercados y dejar que Trump y otros en el gobierno compren (las acciones cuando) se desplomen.
Otros analistas señalan que cuando se desplomó la bolsa de valores en 2008, millones de trabajadores y personas de clase media sufrieron, pero los más ricos compraron acciones muy baratas para acabar mucho más acaudalados cuando se recuperó la economía, con cargo a los contribuyentes.
Con información de: https://www.jornada.com.mx/